La voz del bosque

INVIERNO

I

La historia que el tejo le contó a Xenaro, comienza hace, aproximadamente, unos dos mil años.

-Amanece en el bosque.

La escarcha cubre la escasa vegetación que ha resistido el comienzo del invierno.El sol, tímidamente, va deshelando el entorno y aparecen diminutos arcoiris en la punta de las ramas de los árboles.

Un hombre solitario recorre el bosque, recogiendo las plantas que necesita para preparar sus ungüentos y pócimas curativas.

Todo está tranquilo, ya nadie perturba la paz, impuesta por Roma.Hace veinte años que terminó la guerra, y hay tres legiones que custodian el territorio.Una de ellas, la Legio X Gémina, está asentada en Astúrica.La antigua ciudad de los Amacos, se ha convertido en la capital del Conventus Asturum, y es el centro de la región aurífera más productiva del Imperio.

En las minas de oro, trabajan muchos prisioneros de guerra.Otros se habían suicidado, para librarse de la esclavitud, y también hubo quién, creyendo las palabras de los legados romanos, se alistó en los cuerpos auxiliares de las legiones.

La mayoría de la población, que ahora vive en las llanuras, va asimilando, poco a poco, las costumbres romanas.Todo parece bajo control.

Pero, procedentes de los antiguos castros astures, de Lancia, Bedunia, Bérgida, Curunda, Covianca y de la propia Astúrica, un grupo de hombres y mujeres jóvenes, se han unido para ponerles las cosas difíciles a los romanos.Refugiados en los bosques y colinas que circundan la unión del Turio y el Bernesica, han formado una comunidad de “ambactes”, compañeros en la vida y en la muerte, jurando no descansar mientras siga la ocupación romana.

El hombre que recorría el bosque, pertenecía a esta comunidad.Se topó conmigo muchas veces, cuando yo era joven, y me trató con respeto, pues para los astures, el tejo era un árbol sagrado.Se llamaba Belaenio, y decían que era hijo de Curueno y Polma, o eso se rumoreaba.Aprendió el arte de curar con las plantas, de Yordas, un sabio “druida”, que le recogió cuando era un niño y le tuvo escondido cerca del monte Vindio, hasta que decidió irse y buscar sus orígenes.Entonces se unió a la comunidad.

En la comunidad no había jefes, todo se discutía en las asambleas y consejos.Así decidían lo que iban ha hacer cada día, y una vez al año,en la festividad que los celtas llaman Beltene y los romanos situaron en las calendas del mes dedicado a la diosa Maya, dividían lo que poseían entre todos, dando a cada uno aquello que necesitase.

4

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