Media centuria

Una centuria es un término que tiene, por lo general, dos acepciones: una que proviene de la organización de la legión romana, en la que la centuria era la unidad de infantería, formando la espina dorsal de las legiones. Constaba de 80 hombres (60 en la era manipular) distribuidos en 10 contubernios -en latín contubernia– de 8 hombres cada uno (la unidad mínima del ejército romano). Toda la centuria era comandada por el centurión, que era ayudado por un optio o lugarteniente y por un tesserarius o suboficial de seguridad. Tenía un estandarte o signum que era llevado por un signifer. Así mismo, cada centuria disponía de un buccinator, encargado de tocar la buccina, una especie de trompa utilizada para transmitir órdenes acústicas a modo de toques.

Esta organización militar fue copiada posteriormente, sobre todo durante la Guerra civil española, tanto por las milicias confederales, (cuya unidad de combate más sencilla eran veinticinco individuos que formaban un grupo o pelotón, con un responsable de grupo elegido por democracia directa y revocable en todo momento;  cuatro grupos formaban una centuria con un responsable de centuria y cinco centurias una agrupación o batallón con su correspondiente responsable; la suma de las agrupaciones existentes daba lugar a la columna), como por partidos como la Falange ( que primero organizó a sus militantes en escuadras de diez miembros al mando de un jefe de escuadra, para pasar a crear unidades mejor estructuradas como demandaba el trascurso de la guerra; así tres escuadras integrarían una falange, copia de la denominación de la falange griega cuyo significado es el origen de la denominación del partido, con su correspondiente jefe; tres falanges formarían una centuria y tres centurias una bandera, a imitación de la organización de la Legión que se basaba en los antiguos Tercios).

Centuria de la Columna Ascaso

Centuria falangista

 

La segunda acepción del término, que es la que nos interesa, es la de periodo de 100 años, comúnmente conocido como siglo.Normalmente en castellano no se usa como sinónimo de este periodo de tiempo, aunque si lo vemos utilizado en otras lenguas que, como curiosidad, no provienen del latín, pero se vieron influidas por él, como el inglés.Así lo vemos, por ejemplo, en el logotipo de la 20th Century Fox.

Como curiosidad, y en relación con el agrupamiento de elementos en conjuntos de 100 unidades, también se llaman centurias las agrupaciones de 100 poemas, como las cuartetas de Nostradamus, o la recopilación de los acontecimientos de un siglo, como las  Centurias de Magdeburgo .Nostradamus se hizo famoso por sus predicciones, y esto lo podríamos enlazar con la esencia de esta entrada: el paso del tiempo.

Y es que, una vez terminado el séptimo periodo de siete años, se llega, sin ni siquiera darte cuenta, a la media centuria.Y una vez aquí, se suele reflexionar sobre si se han conseguido todos los objetivos que te habías marcado, cuando eras un poco más joven, o sobre si te queda tiempo suficiente en tu vida para lograrlos.Y esta reflexión, que puede ser enriquecedora , para algunas personas puede conllevar cierta frustración, que es lo que se ha dado en llamar “crisis de los 50”, por analogía a otros periodos vitales, como la “crisis de los 40” o la “crisis de los 30” (se suelen englobar estos dos periodos en la llamada “crisis de la mediana edad”).También se han englobado estos periodos vitales, entre los 30 y los 50, como “crisis de madurez”, en contraposición a la “crisis de la adolescencia”, a la que preceden durante la infancia una serie de periodos de cambios, que se han dado en llamar “crisis de la edad”.La “crisis de los 50” se ha visto también como antesala de otros periodos vitales críticos, como son la “crisis de la jubilación”, y la “crisis de la tercera edad”.

Parece, por tanto, que el ser humano pasa constantemente por periodos vitales críticos, siendo la vida un constante salto de crisis en crisis.Se puede llegar a la conclusión, analizando estos datos, que las crisis vitales son ineludibles, que se dan en ciertos periodos, sobre todo cuando se llega a una edad en números redondos, y que, por otro lado, sirven para madurar y tienen un final concreto: se pasan con el paso del tiempo.

Como colofón a esta entrada, hay ciertos propósitos que sí podría plantearme, ahora que he entrado en la media centuria: 1-Podría, con cierta dosis de fuerza de voluntad, y algo de ayuda externa, dejar el tabaco, por ejemplo.Eso abundaría en la consecución de una vida más sana,  a la que también podría llegar haciendo más ejercicio ( puede que me compre una bicicleta nueva).2-También me he planteado, varias veces, visitar lugares concretos del Globo, como, por ejemplo, “la verde Erin” ( siempre me ha intrigado la civilización celta), aunque es bueno conocer más lo que tenemos más cerca ( Las Médulas ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad), e incluso se puede hacer un viaje de introspección sin salir de casa (con ayuda o no, tanto de otras personas como de sustancias introspectivas, llamadas comúnmente enteogénicas), o realizando un viaje iniciático, como es el de llegar al “Finis Terrae“.3-Otro de mis propósitos sería el de concluir una serie de relatos, cumpliendo así una promesa hecha hace tiempo a una buena amiga.4- Y aunque queden cosas en el tintero, lo importante es saber que la vida es una serie de circunstancias que te suceden mientras estás vivo, por lo tanto, lo importante es disfrutarla, con sus contradicciones y amarguras, que suelen ser un contrapunto de la dulzura que es vivir .¿Qué sería de la cerveza sin el punto amargo que le da el lúpulo?

Así, intentando superar en longevidad a mis progenitores, inicio un camino que me llevará, si la suerte me acompaña, a cumplir la centuria entera, y conseguir recopilar experiencias vitales que den lugar a, como dice el título de la novela de Günter Grass que estoy leyendo ahora, mi siglo.Para terminar, dar las gracias a todas las personas que me han acompañado, de una manera u otra, por esta media centuria, ya que, solo por estar ahí, ha merecido la pena.

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