La Revolución Social Española

En anteriores entradas hemos presentado, en el aniversario de la revolución social de 1936, los hechos ocurridos entonces, su característica revolucionaria y el ideal que llevó a una parte del pueblo español a enfrentarse al golpe militar e iniciar la revolución.Hoy, en este 19 de julio, 80 aniversario de esa revolución, queremos exponer los logros que hicieron posible que los acontecimientos producidos tras la reacción ante la sublevación militar sean considerados como una revolución social.

El pueblo en armas

Tras el alzamiento en Marruecos el 17 de julio de 1936, en Barcelona, convertida en un hervidero, la CNT dio la consigna revolucionaria. Los militantes del sindicato de transportes se apoderaron de las armas que había en los barcos anclados en el puerto. La Generalitat quiso evitarlo, pero estando desbordada por los acontecimientos no pudo lograrlo. La CNT procedió a requisar ese mismo día los medios de transporte y los principales edificios públicos.

El 18 de julio CNT y UGT declararon la huelga general en todo España. El levantamiento era inminente y la CNT pidió a Companys, en reiteradas ocasiones, que abriera los cuarteles y pusiera los depósitos de armas a disposición de las fuerzas obreras para poder hacer frente a la reacción. El presidente de la Generalitat se negó tajantemente una y otra vez. Todo esto a pesar de que sólo disponía de dos mil guardias mal pertrechados para enfrentarse a un ejército de unos cinco mil militares provistos con armas de guerra. Companys temía el triunfo del levantamiento fascista, pero mucho más temía entregar las llaves de la ciudad condal a la revolución social anarquista de la CNT, el sindicato que durante años se había dedicado a reprimir desde el poder.

El 19 de julio la sublevación llegaría a Barcelona, donde, para los militares sublevados -al mando de Llano de la Encomieda, siendo el general Goded el máximo responsable de toda la región- el golpe no se trataba más que de un sencillo paseo militar, como venía siendo habitual. Craso error. En muchos puntos del país, especialmente en las calles de Barcelona, la controvertida gimnasia revolucionaria” anarcosindicalista practicada a lo largo de todo el gobierno republicano iba a dar sus frutos.

En las horas previas al golpe en Barcelona, la ciudadanía, expectante y a la espera de que se anunciara el levantamiento, se mantenía pegada a la radio que iba informando sobre la situación del conflicto en los distintos puntos del país.Las calles permanecían vacías y, a medida que avanzaba la noche, la militancia confederal fue levantando barricadas y tomando posiciones en cada esquina de la ciudad. El anarcosindicalismo se impuso desde las primeras horas.

A las barricadas. CNT-FAI.

 

La estrategia militar estaba clara: envolver la ciudad con las tropas y avanzar hacia la plaza de Cataluña por las arterias principales de la ciudad: la Diagonal, la Gran Vía y el Paralelo.Alrededor de las 4 de la madrugada del 19 de julio las tropas sublevadas abrieron las puertas de los cuarteles. Las tropas se habían lanzado a la calle y acampado en las plazas de España, Universidad y Cataluña, a la vez que ocupaban los principales edificios, como el Hotel Colón, el Ritz y la Telefónica y la sección del puerto desde Correos y Telégrafos hasta el Paralelo.Se informó de lo acontecido y al poco tiempo las sirenas, llamando al combate, dieron la señal de alarma por toda la ciudad.

Los miembros de los Comités de Defensa empezaron a llamarse y a ser conocidos como «los milicianos». Sin transición alguna, los cuadros de defensa se transformaron en Milicias Populares. La estructura primaria de los cuadros de defensa había previsto su ampliación y crecimiento mediante la incorporación de cuadros secundarios. Bastó con dar cabida en ellos a los millares de trabajadores voluntarios que se sumaron a la lucha contra el fascismo. Hombres y mujeres se lanzaron a las calles, pero seguían faltando las armas.

Con el conflicto prácticamente resuelto en favor de la CNT-FAI, sin apenas dar crédito a sus ojos, el general Goded tuvo que rendirse pero, a pesar de haber sido anunciada su rendición por la radio de la ciudad, algunas tropas sublevadas decidieron no entregarse.A las once de la noche del mismo día, un grupo de militares sublevados resistían encerrados tras las puertas del cuartel de San Andrés. Entre otras cosas, el cuartel albergaba treinta mil fusiles en su interior. Con la contienda ya decidida, a los combatientes anarcosindicalistas no les supuso mucho esfuerzo reducir a los militares y hacerse con el arsenal.A partir de este momento podía considerarse que el poder en Barcelona había cambiado de manos. Ahora el control no lo tenía ni el gobierno de la Generalitat, ni la República española, lo tenía la CNT.

La Revolución Social Anarquista.

 

El mismo día 20 fue asaltado el último bastión, Atarazanas, ante cuyos muros murió Francisco Ascaso. Los anarcosindicalistas hicieron cuestión personal del asalto a la fortaleza y rechazaron toda ayuda extraña. Atarazanas cayó el mismo día.En treinta y tres horas la clase trabajadora había sofocado el levantamiento fascista. La victoria fue ampliamente celebrada en la ciudad condal. Al mismo tiempo, el pueblo, que se había apoderado de las armas, se lanzó a la revolución social con el binomio CNT-FAI a la cabeza.Grupos armados se desplazaron a toda la región y Tarragona, Gerona y Lérida siguieron la suerte de Barcelona. La CNT y la FAI quedaron dueñas absolutas de la vida de Cataluña.

 

Mientras tanto, el 19 de julio había dimitido el gobierno de Casares Quiroga. Hubo un gobierno relámpago encabezado por Martínez Barrio, que trató inútilmente de parar el golpe, al cual le reemplazó José Giral. El gobierno republicano pasó a decretar el licenciamiento del ejército, pero por entonces ya se luchaba en todo España. La guerra civil había comenzado y el gobierno republicano era naufrago en el océano de los acontecimientos.

Los sectores populares acusaban al gobierno republicano de lenidad y lo consideraban responsable de los acontecimientos. No se le perdonaba haberse negado a armar al pueblo, así como las proclamaciones retóricas, siempre vacías de efectividad. Al mismo tiempo, las milicias de la Confederación se convirtieron en la vanguardia de todas las unidades armadas que se desplazaban en busca del enemigo fascista. Eran la organización armada del proletariado revolucionario y fueron imitados por el resto de organizaciones obreras, e incluso las de origen burgués. Ante la ausencia de un ejército proletario único surgieron tantas milicias como partidos y organizaciones existían.

A las cuarenta y ocho horas del alzamiento el país se hallaba dividido en dos zonas: en general, las provincias agrarias, Galicia, Castilla la Vieja (excepto Santander), LeónAragón, Navarra , el norte de Extremadura y parte de  Andalucía Occidental, quedaban en poder de los sublevados; mientras Cataluña, Valencia, Murcia, la mayor parte de Extremadura, Asturias, Pais Vasco (excepto Álava), la mayoría de Andalucía , Castilla la Nueva y Madrid bajo el dominio de la República.

En Madrid, las organizaciones obreras dominaron la situación desde los primeros instantes y consiguieron vencer también la amenaza representada por el cinturón que rodeaba la capital, Alcalá, Toledo y Guadalajara.

En el resto del país, a medida que en las provincias las guarniciones militares se incorporaban al alzamiento o eran derrotadas por los trabajadores armados, el Estado se iba despedazando en fragmentos. Esta facultades del poder ejecutivo las recogió el pueblo en la calle, creando espontáneamente entidades de recambio.

¡No pasarán! Madrid.jpg

 

El Comité Central de Milicias Antifascistas

Companys solicitó una entrevista con una delegación del comité regional de la CNT. En un salón contiguo al despacho, esperaban representantes de todos los grupos políticos de Cataluña el veredicto del anarcosindicalismo. Pero la delegación no podía llegar a un acuerdo sin consultar previamente a los sindicatos. Toda la militancia confederal de Barcelona y de la región esperaba impaciente la llegada de los delegados para que se les informara y así poder tomar una decisión.

Tras la reunión, y a propuesta de Companys, el 21 de julio se constituyó un Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña -integrado por todas las fuerzas del Frente Popular– de carácter provisional, a la espera de lo que la regional de la CNT acordara en su próximo comicio. Con vistas a tratar este asunto, el 23 de julio tuvo lugar un pleno regional de locales y comarcales en la nueva sede del comité regional CNT-FAI de Cataluña, que había pasado a ocupar la Casa Cambó.

 

Iniciado el pleno regional de locales y comarcales, se pasó consulta a la militancia respecto a la posibilidad de entrar a formar parte del recién constituido Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (lo contrario sería su disolución), que estaría integrado no solo por la CNT-FAI, sino también por todas las organizaciones que apoyaban al gobierno republicano.

Juan García Oliver, junto con la Comarcal del Bajo Llobregat, fueron los únicos que se opusieron,  ya que propusieron que la CNT implementara su programa comunista libertario.Esto requeriría derrocar el gobierno de la Generalitat y sustituirlo por asambleas y comités de fábrica, de empresa y de barriada, convocando un congreso regional.En su lugar,  el pleno prefirió la colaboración con los demás sectores de izquierda (todos minoritarios), renunciando así a usufructuar el poder político en Cataluña. Por lo tanto, se acordó adherirse al comité de milicias.

Al día siguiente, el 24 de julio, La Columna Durruti, formada por unos 2.500 milicianos, salió de Barcelona y se dirigió directamente hacia Zaragoza, con el objetivo de liberar la ciudad del yugo fascista y así extender la revolución social.De cualquier manera, con el Comité Central de Milicias Antifascistas ya en marcha, Companys pasó a ser un mero espectador de la vida política de Cataluña. Y el hecho es que la clase trabajadora catalana, impaciente, se lanzó a la colectivización de las tierras y de los medios de producción.

 

 

Los Comités Revolucionarios y las colectivizaciones agrarias

En Cataluña, con la desintegración del Estado, los trabajadores, los manuales en particular, que habían desempeñado un papel decisivo en la obtención de la victoria sobre los sublevados, fueron quienes obtuvieron la victoria política e iniciaron una amplia y profunda transformación revolucionaria de la sociedad catalana. Dicha transformación, basada en los planteamientos anarquistas y anarcosindicalistas de la CNT-FAI, al ser esta organización la que contaba con una influencia mayoritaria entre los trabajadores, trató, y en parte consiguió llevar a la práctica, los principios del socialismo libertario en una sociedad industrializada, dando lugar a una experiencia original, única en el mundo, alejada tanto del capitalismo como del socialismo de estado.

Respecto a los cuadros de defensa confederales, hubo una doble transformación de éstos: la de las Milicias Populares, que definieron en los primeros días el frente de Aragón, instaurando la colectivización de las tierras en los pueblos aragoneses liberados; y la de los Comités Revolucionarios, que en cada barrio de Barcelona, y en cada pueblo de Cataluña, impusieron un «nuevo orden revolucionario». Su origen común en los cuadros de defensa hizo que milicias confederales y Comités Revolucionarios estuviesen siempre muy unidos e interrelacionados.

 

En dos meses, el Comité Central de Milicias Antifascistas había organizado a 20.000 milicianos que se repartían en un frente de 300 kilómetros.

Los Comités de Defensa de cada barrio (o pueblo) se constituyeron en Comités Revolucionarios de barriada (o localidad), tomando una gran variedad de denominaciones. Esos Comités Revolucionarios de barrio, en la ciudad de Barcelona, eran casi exclusivamente cenetistas. Los Comités Revolucionarios locales, por el contrario, solían formarse mediante la incorporación de todas las organizaciones obreras y antifascistas, imitando la composición del Comité Central de Milicias Antifascistas.El comité de abastos instalaba un comedor popular, que inicialmente fue gratuito, pero que con el paso de los meses, ante la escasez y encarecimiento de los productos alimenticios, tuvo que implantar un sistema de bonos subvencionado por el Comité Revolucionario de barrio o localidad.

 

En la sede del Comité de Defensa había siempre un habitáculo para la custodia de las armas y en ocasiones una pequeña prisión en la que instalar provisionalmente a los detenidos.

Los Comités Revolucionarios ejercían una importante tarea administrativa, muy variada, que iba desde la emisión de vales, bonos de comida, emisión de salvoconductos, pases, formación de cooperativas, celebración de bodas, abastecimiento y mantenimiento de hospitales, hasta la incautación de alimentos, muebles y edificios, financiación de escuelas racionalistas y ateneos gestionados por las Juventudes Libertarias, pagos a milicianos o sus familiares, etc.

La coordinación de los Comités Revolucionarios de barriada se hacía en las reuniones del Comité Regional, a donde acudían los secretarios de cada uno de los Comités de Defensa de barriada. Existía, además de forma permanente, el Comité de Defensa Confederal, instalado en la Casa CNT-FAI.

 

Cataluña contaba por aquel entonces con una población de 2.791.000 habitantes, de los que 1.005.000 vivían en la ciudad de Barcelona. El 54% de la población activa catalana trabajaba en la industria, porcentaje que en la provincia de Barcelona se elevaba al 68%.

En el campo catalán la pequeña propiedad agraria coexistía con la mediana y gran propiedad, que era explotada en régimen de aparcería. Los aparceros, que constituían la mayoría de la población campesina, habían mantenido ya desde antes de 1936 importantes luchas reivindicativas para mejorar las condiciones de sus contratos y aspiraban, por lo general, a convertirse en propietarios de las tierras que cultivaban.

En el sector agrario, el predominio sindical correspondía a la UR (Unió de Rabassaires), siendo la presencia de la CNT escasa. En este sector jugaron un destacado papel los sindicatos agrícolas –una especie de cooperativas– a los que obligatoriamente debían pertenecer todas las explotaciones. Estos sindicatos, controlados por la UR y con una considerable presencia de la UGT, constituyeron un importante freno para el desarrollo de las colectividades.

Todo ello llevó a que la colectivización del campo fuese relativamente limitada. Con todo, se crearon más de 400 colectividades agrarias constituidas, básicamente, con las fincas expropiadas a los grandes propietarios y a los elementos facciosos y con las aportaciones de los pequeños propietarios que se adhirieron a ellas.

Colectividades agrícolas en Aragón. 1936.

 

La experiencia colectivista desarrollada en Cataluña contó con el firme apoyo de la inmensa mayoría de los trabajadores manuales, y así lo demuestra entre otras cosas, la defensa que realizaron de las conquistas colectivistas cuando se vieron amenazadas y el bajo nivel de absentismo laboral. Además, puso en evidencia la enorme capacidad creativa, organizativa y productiva de los trabajadores cuando las empresas se hallan en sus manos y son ellos quienes deciden.

La experiencia colectivista que se desarrolló en Cataluña entre julio de 1936 y enero de 1939, a pesar de que no pudo alcanzar plenamente sus objetivos debido a los condicionamientos y dificultades con que tuvo que enfrentarse, constituye una de las transformaciones más radicales del siglo XX. Transformación que afectó todos los aspectos de la vida política, económica, social y cultural, y aun cuando forma parte de la revolución española, posee unas características propias y específicas, en parte distintas de las de otras zonas de la España republicana.

 

 

Hubo ocasiones en que la cercanía del frente y la presencia de milicianos estimulaba la creación de colectividades, tal y como fue el caso en Aragón con la llegada de las columnas anarquistas. Esta “ocupación” de las tierras aragonesas supuso que estas entrasen en el proceso revolucionario que estaba teniendo lugar en Cataluña. Lo cierto es que el gobierno central y el gobierno catalán tenían poco margen de actuación en lo que se refiere a la zona de Aragón.

 

La asamblea convocada en Bujaraloz a finales de septiembre de 1936 por el Comité Regional de la CNT de Aragón, con delegaciones de los pueblos y las columnas confederales, siguiendo las directivas propuestas del 15 de septiembre de 1936 en Madrid por el Pleno Nacional de Regionales de la CNT, de proponer a todos los sectores políticos y sindicales la formación de Consejos Regionales de Defensa vinculados federativamente a un Consejo Nacional de Defensa que haría las funciones del gobierno central, acuerda la creación, con sede en Caspe,  del Consejo Regional de Defensa de Aragón, que integra el territorio de Aragón en el que se ha proclamado el comunismo libertario al paso de las columnas de milicias libertarias que habían partido desde el 24 de julio  desde Valencia y Barcelona, conformando aproximadamente 450 colectividades rurales, la práctica totalidad de ellas en manos de la CNT, con un exiguo número (que rondará las 20) a cargo de la UGT. Esta situación no era del agrado tanto para las autoridades republicanas como de la “Generalitat”, pero en aquel momento no tuvieron posibilidad de evitarlo.

 

A pesar de su origen revolucionario es inicialmente reconocido el 6 de octubre por decreto del gobierno. Celebra su primera asamblea oficial el 15 de octubre del mismo año, siendo su máximo responsable Joaquín Ascaso,  primo de Francisco Ascaso, si bien no es definitivamente legalizado y regulado por el gobierno de la República hasta el 23 de diciembre de 1936, con la condición de que se encuentren representadas en la administración del Consejo los partidos integrantes del Frente Popular por lo que a partir de enero de 1937 el carácter revolucionario del Consejo se verá progresivamente mermado por la presión de los miembros de la coalición gubernamental cuya presencia y número se incrementa gradualmente por estas fechas. Por ejemplo, en el mes de enero las escuelas de Primera enseñanza (que habían quedado bajo el control de comisiones anarcosindicalistas) volvieron a quedar bajo control gubernamental.

 

Ascaso recibió el nombramiento oficial de delegado gubernamental del Consejo el 19 de enero de 1937. A mediados de febrero de 1937 se celebra un congreso en Caspe con el propósito de crear una Federación de Colectividades regional al que asisten 500 delegados que representan a 80.000 colectivistas del Aragón libertario.

Dada la gran diversidad de condiciones iniciales, de fundación, de intereses, situación económica y militar, etc. cada colectividad adoptaba una forma de funcionamiento interno diferente. Sin embargo la inmensa mayoría de ellas no sólo cubría el aspecto productivo agrícola, sino que englobaba también los servicios (educación, sanidad, transportes, etc.), el consumo y distribución de los productos. Todo ello se organizaba de manera autogestionada, tal y como hubieran decidido hacerlo sus participantes en la asamblea de la colectividad.

A menudo las colectividades constituían verdaderos experimentos sociales y tecnológicos. Muchas de ellas tomaron medidas que en ese momento eran muy innovadoras, sobre todo en el campo español, como la exención de trabajar a partir de una cierta edad, la prohibición del trabajo infantil, etc. Además, muchas llevaron a cabo experimentos en técnicas de desarrollo agrícola, probando nuevas semillas que funcionasen mejor en las condiciones locales, adoptando nuevos procedimientos e introduciendo maquinaria en las labores agrícolas.

Las colectividades no estaban aisladas. Se coordinaban entre sí mediante consejos regionales y la CNT organizó Federaciones regionales de campesinos. Incluso en 1937 se convocó en Valencia una reunión nacional para coordinar el esfuerzo de las colectividades, mejorar su rendimiento y facilitar la solidaridad y el apoyo mutuo entre ellas. A su vez se coordinaban con los sindicatos de Distribución y Alimentación. A través de estos se aseguraba el envío de alimentos a las ciudades y al frente. A menudo las colectividades podían tanto exportar sus productos a otras regiones y al extranjero, como conseguir nuevas variedades de semillas, fertilizantes o cualquier otro insumo, en el mercado internacional.

 

La colectivización en la industria y los servicios

Al reanudarse la actividad productiva y habiendo los dueños abandonado sus empresas –en unos casos–, o no atreviéndose a imponer su autoridad al carecer de la fuerza coercitiva del Estado –en otros–, los trabajadores procedieron, inmediatamente y por propia iniciativa, a la puesta en marcha del proceso colectivizador, tomando directamente en sus manos el control y la dirección de la mayor parte de las empresas; cabe destacar que todo ello lo realizaron de forma espontánea.

El carácter espontáneo de la colectivización significa que ésta no se llevó a cabo siguiendo las consignas, instrucciones o directrices de algún órgano de dirección estatal o de algún partido o sindicato, sino a partir de la decisión de los propios trabajadores. Éstos, por medio de sus organizaciones de fábrica y ramo, pusieron en práctica las ideas y concepciones que tenían respecto a como debía organizarse y funcionar la sociedad en general y la actividad económica en particular; siendo dichas ideas, en gran parte, fruto de la formación y propaganda libertaria desarrolladas durante los decenios anteriores por medio de los ateneos, sindicatos, cooperativas, etc.

Tranvía colectivizado.

 

La colectivización de la empresa significaba que su propiedad pasaba de privada a pública y que eran sus propios trabajadores quienes la dirigían y gestionaban. Pero para los colectivistas ello no constituía más que el inicio de un proceso más amplio, el de la colectivización-socialización, el cual a partir de la colectivización de las empresas debía, y así sucedió parcialmente, ir avanzando en la coordinación de la actividad económica, por ramos y localidades y de abajo a arriba, hasta alcanzar la plena socialización de la riqueza.

Sin embargo, muy pronto se produjo la renuncia de los órganos dirigentes de la CNT-FAI a intentar que el proceso de colectivización-socialización pudiese culminar su desarrollo, alegando que en aquellas circunstancias ello hubiese representado imponer su dictadura. Esta renuncia dio lugar a enfrentamientos internos y al progresivo abandono de sus propios presupuestos y principios.

Dicho proceso, impulsado y apoyado por la gran mayoría de los trabajadores manuales de la industria y los servicios, se encontró con la oposición de una parte importante de diversos sectores sociales: la pequeña burguesía, los técnicos, los funcionarios y los trabajadores administrativos y comerciales, que en conjunto constituían una base social importante, cuantitativa y cualitativamente. Éstos, aun cuando mayoritariamente se posicionaron en contra de la sublevación militar, se oponían a la alternativa colectivista, bien porque defendían la propiedad privada de los medios de producción, bien porque defendían la propiedad estatal de los mismos. Esta oposición que fue canalizada y defendida por ERC, ACR, UR, PSUC y UGT, frente a la CNT, la FAI, las Juventudes Libertarias y el POUM que apoyaban las transformaciones colectivistas.

El proceso de transformación colectivista alcanzó una gran amplitud por lo que respecta al primer nivel –el de la colectivización de las empresas (entre un 70% y un 80% de las empresas)–, y llegó también a un segundo nivel –el de la constitución de agrupaciones–, en el que se detuvo al fracasar los intentos de avanzar hacia un tercer nivel –el de la socialización global de los grupos industriales–.

La agrupación consistía en la reunión o concentración de todas o parte de las empresas de un sector económico y un área territorial determinada –una localidad, una comarca, Catalunya– en una unidad económica de mayor volumen, en régimen de propiedad colectiva y dirigida y gestionada por sus trabajadores. En consecuencia, las empresas que pasaban a formar parte de una agrupación dejaban de existir como tales, pasando su activo y su pasivo, así como sus trabajadores, a la nueva unidad productiva.

 

Trabajadores fábrica colectivizada. 1936.

 

Las grandes empresas colectivizadas, como los Tranvías de Barcelona Colectivizados (transporte), la Hispano Suiza y la Rivière (metalurgia), CAMPSA (petróleo), La España Industrial (textil), Cervecerías DAMM (bebidas), etc., y las agrupaciones como La Agrupación Colectiva de la Construcción de Barcelona, La Madera Socializada de Barcelona, La Agrupación de los Establecimientos de Barbería y Peluquería Colectivizados de Barcelona, Los Espectáculos Públicos de Barcelona Socializados, Los Servicios Eléctricos Unificados de Catalunya, La Industria de la Fundición Colectivizada, etc., constituyen las experiencias más importantes y significativas de la colectivización de la industria y los servicios, y al ser la agrupación la forma más compleja y elevada de organización, hace que su análisis sea fundamental para el conocimiento de esta experiencia y que del mismo se puedan extraer elementos importantes de la socialización global a que aspiraba la alternativa colectivista.

La industria de guerra

En 1936, Cataluña carecía por completo de una industria dedicada a la fabricación de armamento, por lo que para poder disponer de material bélico se procedió a transformar la industria civil –en especial la metalúrgica y la química– en industria de guerra, lo que se realizó en un breve espacio de tiempo.

Esta transformación la iniciaron los propios trabajadores inmediatamente después del 19 de julio, designando, ya el 21 de julio, a Eugenio Vallejo, del sindicato Metalúrgico, para coordinar la organización de dichas industrias.

El 7 de agosto la Generalitat creó la Comisión de la Industria de Guerra, encargada del control y coordinación de estas industrias, que fue aceptada por la CNT tras obtener una serie de garantías. En la práctica la colaboración que se estableció entre los consejos de empresa y la Comisión, fue muy satisfactoria. La Comisión, además de coordinar las empresas transformadas en industrias de guerra, también creó alguna nueva empresa y estableció relaciones con las otras que elaboraban productos auxiliares para la guerra del sector textil, de la óptica, de la madera, etc.

Maquinaria de guerra colectivizada.

 

En octubre de 1937 la industria de guerra contaba con más de 400 fábricas y unos 85.000 trabajadores, fabricándose una diversa y elevada cantidad de productos: cartuchos, pistolas, piezas de recambio para fusiles y ametralladoras, distintos tipos de explosivos, bombas de mano y de aviación, vehículos blindados, motores de aviación, etc.

Sin embargo, el Gobierno de la República observó siempre con recelo y boicoteó la creación de una industria de guerra en Cataluña, al no hallarse ésta bajo su control. Un control que no consiguió hasta el 11 de agosto de 1938, en que decretó su militarización. A ella se opusieron tanto la Generalitat como los trabajadores de estas industrias, lo que provocó un importante descenso de su producción.

 

Contra la militarización

Dada la relativa estabilización de la situación y la necesidad de reforzar el papel de un gobierno de la Generalitat que había ido recuperando su influencia, el 1 de octubre de 1936 se autodisolvió el Comité Central de Milicias Antifascistas, en beneficio exclusivo del pleno restablecimiento del poder de la Generalitat. Los decretos firmados el 24 de octubre sobre militarización de las Milicias a partir del 1 de noviembre, completaban el desastroso balance del Comité Central de Milicias Antifascistas. Se pasó de unas milicias obreras de voluntarios revolucionarios a un ejército de corte clásico, sometido al código de justicia militar, dirigido por la Generalitat.

Ese decreto de militarización de las Milicias Populares produjo un gran descontento entre los milicianos voluntarios. Tras largas y enconadas discusiones, parte de los milicianos abandonaron los frentes, como fue el caso de los varios centenares de milicianos de la Columna Durruti establecidos en el sector de Gelsa (Zaragoza) quienes decidieron abandonar el frente en marzo de 1937 y regresar a la retaguardia. Se pactó que el relevo de los milicianos opuestos a la militarización se efectuaría en el transcurso de quince días. Abandonaron el frente, llevándose las armas.

Ya en Barcelona, junto con otros anarquistas (defensores de la continuidad y profundización de la revolución de julio, y opuestos al colaboracionismo confederal con el gobierno), los milicianos de Gelsa decidieron constituir una organización anarquista, distinta de la FAI, la CNT o las Juventudes Libertarias, que tuviera como misión encauzar el movimiento ácrata por la vía revolucionaria. Así pues, la nueva Agrupación se constituyó formalmente en marzo de 1937, tras un largo período de gestación de varios meses iniciado en octubre de 1936. La Junta directiva fue la que decidió tomar el nombre de «Agrupación de Los Amigos de Durruti», nombre que por una parte aludía al origen común de los ex-milicianos de la Columna Durruti, y que como bien decía Balius, no se tomó por referencia alguna al pensamiento de Durruti, sino a su mitificación popular.

Columna Durruti.

 

Esta oposición revolucionaria a la militarización de las Milicias Populares se manifestó también, con mayor o menor suerte, en todas las columnas confederales. Destacó, por su importancia fuera de Cataluña, el caso de Maroto, condenado a muerte por su negativa a militarizar la columna que dirigía, pena que no llegó a ejecutarse pero que le mantuvo en la cárcel. Otro caso destacado fue el de la Columna de Hierro, que decidió en diversas ocasiones «bajar a Valencia» para impulsar la revolución y enfrentarse a los elementos contrarrevolucionarios de la retaguardia.

En febrero de 1937 se celebró una asamblea de columnas confederales que trató la cuestión de la militarización. Las amenazas de no suministrar armas, alimentos, ni soldada, a las columnas que no aceptaran la militarización, sumada al convencimiento de que los milicianos serían integrados en otras unidades, ya militarizadas, surtieron efecto. A muchos les parecía mejor aceptar la militarización y adaptarla flexiblemente a la propia columna. Finalmente, la ideología de unidad antifascista y la colaboración de la CNT-FAI en las tareas gubernamentales, en defensa del Estado republicano, triunfaron contra la resistencia a la militarización.Nuevo error que el anarquismo español pagaría muy caro.

Fuente: Julio de 1936 .La Revolución Social Española.Historia de la CNT.CNT-AIT Federación Local de Madrid.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: