Cambio de hora, de huso horario y de horario: nada es como parece.

Cada poco tiempo resucita el debate sobre si la hora oficial de España es o no la más adecuada.Siendo la hora que marcan nuestros relojes, este debate resulta más candente cada vez que se produce el cambio de hora, ya sea para ajustarnos al horario de verano, o para volver al de invierno, como ha sucedido este domingo.

Una directiva europea ( DIRECTIVA 2000/84/CE DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO de 19 de enero de 2001 relativa a las disposiciones sobre la hora de verano) es la que marca este cambio de hora, que afecta a todos los estados miembros y que está incorporada de forma indefinida al ordenamiento jurídico español desde 2002.

 

La directiva, sin embargo, deja libertad a los países miembros de la UE de escoger a qué huso horario se adhieren, aunque su situación geográfica ya determine cuál deberían adoptar.Y esto hace que, alimentando la polémica, algunos ministros hagan declaraciones evidenciando que no tienen ni idea de geografía, se hagan recomendaciones para utilizar el huso horario de Greenwich, o surjan agrias polémicas a nivel de calle sobre la conveniencia o no del cambio horario.Recientemente, el Parlamento de las Islas Baleares ha pedido al Gobierno central mantener el horario de verano, aduciendo que la diferencia entre la puesta del sol en el archipiélago y en el punto más occidental del país, en Galicia, alcanza los 50 minutos.A esta iniciativa se han sumado las Cortes Valencianas, destacando, en su declaración institucional, los beneficios de “disfrutar de más claridad cuando acaban las obligaciones diarias”.Pero no son las islas las que están en discordancia entre su hora oficial y la cantidad de iluminación solar que les correspondería si utilizaran la hora solar que tendrían por su ubicación geográfica, sino que es en Galicia donde se da la paradoja de que anochezca una hora después de lo que debería.

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Este hecho provoca que sea normal que, en la noche de San Juan, el ocaso se produzca en horas tan tardías como las 10:18 pm, mientras que en otros lugares de España como Barcelona el ocaso se produzca casi una hora antes, concretamente a las 09:29 pm. Esta desviación no es única en Europa, pero hace que en Coruña haya una diferencia de casi 3 horas en verano entre la hora oficial y la hora solar, dándose la paradoja de que la hora oficial sea la misma que en Varsovia, pero la altura del sol sobre el horizonte sea la misma que en Lisboa, donde su hora oficial es 1 hora menos.

 

Este hecho es debido a dos medidas establecidas para unificar la hora entre ciudades pertenecientes a una misma área geográfica, ya que, si se usara la hora solar, las diferencias serían notables entre ciudades relativamente cercanas.Y esto es así porque la altura del sol en un momento determinado es diferente en puntos diferentes de la Tierra, debido tanto al movimiento de rotación terrestre, como a la inclinación del Eje terrestre respecto a la Eclíptica. Si todos los días del año observamos la posición del Sol en el cielo a la misma hora del día (tiempo civil) y desde el mismo lugar de observación, obtenemos una curva en forma de ocho (8) o lemniscata, que se denomina analema, cuya componente axial ( eje de simetria ) muestra la declinación del Sol, que es comparable a la latitud geográfica, mientras que la componente transversal ( los puntos de la curva) ofrece información acerca de la ecuación de tiempo (que es la diferencia entre el tiempo solar aparente y el tiempo solar medio).

Como la hora legal, que es la que establece la administración o gobierno de un país determinado, corresponde con la hora local, que depende del momento en que el sol está en lo más alto del horizonte (mediodía,  lo que determina su amanecer y su ocaso ), y se basa en un meridiano y no en un huso horario, es importante conocer la ecuación de tiempo para un lugar determinado, ya que la hora legal puede variar de la hora oficial.Los efectos de este movimiento aparente del sol hacen que las zonas terrestres iluminadas sean distintas dependiendo de las estaciones y de la situación geográfica ( latitud y longitud ) de un lugar dado ( por ejemplo, en Berlín el día más largo, en Junio, dura desde las 4,42 horas hasta las 21,33 horas, pero el más corto,en Diciembre,  solo dura desde las 8,56 horas hasta las 15,52 horas ).

 

Resultado de imagen de mapa de horas de luz solar

 

Una de las medidas utilizadas para corregir estos desajustes ha sido la de alargar las horas diurnas en verano, con el consiguiente cambio de hora. Muchas culturas antiguas alargaban las horas diurnas en verano, pero el horario de verano moderno fue propuesto por primera vez por Benjamin Franklin que, durante su servicio como enviado extranjero en Francia, publicó anónimamente una carta en 1784 en la que declaraba que los parisinos ahorraban velas levantándose más temprano, empleando así más luz solar.Sin embargo la idea no se retomó hasta  principios del siglo XX. En 1905 el constructor inglés William Willett concibió el horario de verano durante un paseo a caballo previo al desayuno. Dos años más tarde publicó su propuesta de adelantar y atrasar la hora en primavera y en otoño respectivamente, pero su idea no se aplicó inmediatamente.Fue durante la Primera Guerra Mundial cuando el horario de verano se propuso para aliviar las durezas de la guerra en cuanto al ahorro de carbón y los apagones nocturnos para dificultar los bombardeos.Tras su aplicación por parte del Imperio Alemán, el Reino Unido aplicó por primera vez el horario de verano el 21 de mayo de 1916.No obstante, no fue hasta el 15 de abril de 1918, cuando se reguló este cambio internacionalmente y se aprobó la aplicación del ‘horario de verano’ o Daylight Saving Time (DST) en todo el mundo. Desde entonces se han producido muchas propuestas, ajustes y revocaciones, aunque, a pesar de las controversias, muchos países lo emplean, sobre todo desde la crisis del petróleo de 1973, también son muchos los que nunca lo han aplicado o los que han dejado de hacerlo.

El empleo del horario de verano está más extendido en países situados a mayor latitud en ambos hemisferios.               Azul: Se emplea     Naranja: Ya no se emplea     Rojo:Nunca se empleó

 

 

Sin embargo , fue otra medida para unificar los horarios la que se estableció antes.El ferrocarril y las redes de comunicación hicieron necesaria la estandarización del tiempo de una forma que no se conocía anteriormente, ya que, como cualquier desplazamiento nos obligaría a tener que adelantar o atrasar el reloj, se necesitaba tener un mismo horario entre estaciones de origen y destino, para establecer las horas de llegada y salida de los trenes.En el siglo XIX, la hora civil estaba marcada por el meridiano local.En España se utilizaba el meridiano de Madrid y cada provincia tenía una hora dependiendo de su situación geográfica.Estas diferencias horarias se intentaron regular en la conferencia del meridiano de 1884, pero no hubo ningún acuerdo sobre los husos horarios. Sin embargo, se tomó una importante medida al establecer el meridiano de Greenwich como el que marcaría el punto 0. La regulación internacional de los husos horarios se realizó finalmente en la conferencia de París de 1912, donde se aprobó un huso horario cada 15 grados de longitud, con lo que el planisferio terrestre quedaba dividido en 24 husos de 15 grados cada uno.La hora correspondiente a cada uno se consigue poniendo los relojes a las 12:00 cuando el sol pasa por su punto más alto en el centro de cada huso. En la práctica, la división es mucho mayor, con zonas de husos intermedios en países tan dispares como Venezuela, India o Australia, y se rige por conceptos políticos más que geográficos.

El mapa de zonas horarias resultante tiene en la actualidad el siguiente aspecto:

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En éste mapa se observan multitud de anomalías y curiosidades. Por ejemplo, pese a la enorme extensión de China, la hora oficial es única por motivos políticos, con lo que se producen diferencias notables en cuanto a la hora oficial y la solar en las regiones más occidentales del país. Por otro lado, si uno se molesta en contarlas, verá con sorpresa que aparecen bastante más de 24 zonas horarias oficiales.

La disparidad de horarios en España se unificó el día que comenzó el siglo XX, el 1 de enero de 1901, cuando el gobierno decretó que la hora oficial sería la del meridiano de Greenwich, la conocida como GMT. Esta hora se aplicó en todo el territorio español incluidas las islas Canarias, territorio que no retrasó su hora respecto a la Península y Baleares hasta el 11 de febrero de 1922.

Aún así, España ha sido siempre un país peculiar con respecto al cambio horario y, a pesar de la convención internacional del DST, la hora no se cambió los años comprendidos entre 1920 y 1923, en 1925 y entre 1930 y 1936. Al iniciarse la Guerra Civil,  la zona republicana y la zona sublevada tenían horarios diferentes. Como ejemplo, en el año 1938, el Gobierno republicano sumó una hora a los relojes el 2 de abril y veintiocho días después volvió a sumar otra, mientras que el Gobierno de la zona sublevada solo sumó esa hora el 26 de marzo. Esta diferencia horaria hizo que el año 1939 empezara una hora antes en la zona republicana que en la zona nacional, horario que se unificó al finalizar la guerra el primero de abril de ese mismo año.

Esta hora era la correspondiente al meridiano de Greenwich, pero el 15 de marzo de 1940 se produjo un gran cambio. El territorio español peninsular y Baleares adoptaron el horario GMT +1, con lo que estos territorios pasaron a tener la misma hora que el meridiano de Berlín, que era el que marcaba la hora en todos los territorios controlados por el III Reich, es decir, de los Pirineos hasta Rusia, exceptuando Grecia y Finlandia. Este horario es conocido actualmente como CET  u  Hora Central Europea (Central European Time).

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La consecuencia más evidente de este horario fue que se empezó a establecer en función de las horas de luz, el horario laboral de ocho a tres, lo que propició el pluriempleo, muy común en la posguerra como único modo en que un trabajador podía mantener a su familia.

Y con ello entramos en el verdadero meollo del asunto: el problema español no es estar en un huso horario que no le corresponde, sino de tener unos horarios demasiado tardíos, con lo absurdo que supone que haya establecimientos comerciales cerrados tres horas al mediodía, y otros abiertos hasta las diez de la noche. Por no hablar de la conciliación de horarios en el seno de las familias, entre aquellos que trabajan y aquellos que estudian, que es imposible hoy en día u obliga a hacer verdaderos malabarismos.

Así, la posible ventaja de coincidir en hora con los alemanes desaparece al entrar ellos a trabajar una hora antes.Y es que si te levantas al amanecer, y entras a trabajar una hora más tarde, da lo mismo que el reloj ponga que son las seis, las ocho o las diez, una vez que se supera el concepto psicológico asociado. Y que salga el sol por Antequera.

 

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