El sueño de la razón produce monstruos. (I)

En el aniversario de los atentados terroristas en París,  más que nunca el título de esta serie está justificado.Trataremos sobre lo que es el terrorismo, sus orígenes , sus causas y sus clases, con especial atención al fenómeno que está afectando actualmente a, prácticamente, todo el mundo, pero que se expresa más contundentemente en Europa.

I-a-Terrorismo.(I)

El terrorismo es el uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, utilizado por una amplia gama de pseudoorganizaciones políticas en la promoción de sus objetivos, tanto por partidos políticos nacionalistas y no nacionalistas, de derecha como de izquierda, así como también por corporaciones, grupos religiosos, racistas, colonialistas, independentistas, revolucionarios, conservadores y gobiernos en el poder.

La palabra «terrorismo» tiene fuertes connotaciones políticas y posee elevada carga emocional y esto dificulta consensuar una definición precisa.Es común el uso de la palabra por parte de gobiernos para acusar a sus opositores. También es común que las organizaciones e individuos que lo practican rechacen el término por injusto o impreciso. Tanto los unos como los otros suelen mezclar el concepto con la legitimidad o ilegitimidad de los motivos propios o de su antagonista. A nivel académico, se opta por atender exclusivamente a la naturaleza de los incidentes sin especular sobre los motivos ni juzgar a los autores.

Para acceder a una mayor comprensión de la naturaleza del terrorismo, es conveniente un análisis más detallado, de la evolución en el uso del término. La palabra «terror» proviene del idioma latín «terror» o «terroris», sinónimo de «Deimos». En la Antigua Grecia, Ares, Dios de la Guerra, tenía dos hijos: Phobos y Deimos (Miedo y Terror).El uso del terror como arma es inherente a la guerra.Tanto los actos de pillaje, saqueo o piratería como las masacres indiscriminadas o el genocidio, han servido para infundir terror en la población, tanto por parte de ejércitos en campaña, como por pueblos o grupos aislados, como forma de expansión y conquista de territorios.

Maquiavelo recomendaba en su clásico libro El Príncipe (1532) que «es más seguro ser temido que amado». Estas recomendaciones políticas de Maquiavelo se relacionan con el concepto moderno de «terrorismo de Estado», aplicado a las autoridades públicas cuando buscan aterrorizar a la población. La frase «el árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y de los tiranos», atribuida a Thomas Jefferson, se toma como una apología del tiranicidio y es uno de los tópicos de la Independencia de Estados Unidos (1776).

El terrorismo, como acto realizado por los ciudadanos o los súbditos, encuentra sus antecedentes en las doctrinas del tiranicidio y el derecho a la resistencia, de antiguos orígenes (ej. sic semper tyrannis), pero que se consolidaron como tales en la Edad Moderna, como respuesta de los particulares a los abusos de poder del Estado.

El derecho al tiranicidio, es decir, el que se le reconoce a cualquier persona para matar a un gobernante tirano, proviene de la Antigua Grecia, aunque su desarrollo como teoría comienza en la escolástica medieval europea con los aportes de Tomás de Aquino (1225-1274) en un contexto determinado pero solo en esos casos que ocurrían en la Edad Media, y en determinados casos en la Edad Moderna con las reflexiones de Juan de Mariana (1536-1623) afirmando que el rey también debe cumplir la ley moral y la del estado y no ser un tirano. El «derecho al tiranicidio» es considerado también uno de los precedentes intelectuales de las revoluciones burguesas, al justificar moralmente la desobediencia contra un poder opresivo y promover incluso el asesinato del rey.

El derecho a la resistencia o derecho de rebelión, íntimamente relacionado con la justificación del tiranicidio, encuentra también sus primeras formulaciones teóricas en la escolástica europea, retomando las reflexiones de San Isidoro de Sevilla (560-636) y Santo Tomás de Aquino.

 

Uno de los instrumentos más utilizados por el terrorismo es el atentado, que sería todo acto intencional (doloso) y violento realizado por una persona o grupo de ellas contra otra u otras, sean funcionarios públicos o civiles, o contra objetos ajenos, públicos o privados, con el fin de ocasionar un daño público de magnitud, como la muerte en el caso de las personas o la destrucción si se trata de objetos.En este sentido, todo ataque contra una máxima autoridad, sea esta legítima o ilegitima, sería considerado un atentado.Así se consideran atentados tanto los tiranicidios justificados como los regicidios u otro tipo de magnicidios, entre los que se pueden contar tanto los frustrados, como el perpetrado contra Isabel II por el “cura Merino” , como los realizados con éxito, como el asesinato del presidente norteamericano Abraham Lincoln.

 

Los entendidos discuten cuales son las raíces históricas del terrorismo y en que fecha datar su origen.Quizá las más antiguas acciones “terroristas” que registra la historia sean las perpetradas por grupos violentos de Elam, Mesopotamia y Siria contra el Imperio de Akkad allá por el 2350 antes de nuestra Era.Ha habido un debate reciente sobre si las plagas que se abatieron sobre Egipto descritas en el Éxodo pudieran constituir un ataque de bioterrorismo. Entre los siglos VIII y VII  les tocó a los Asirios sufrir la plaga del “terrorismo”: pueblos hurritas y de las montañas de Irán, de Capadocia, de Siria y de Babilonia atentaron contra soberanos asirios.El levantamiento de los griegos de Jonia contra Darío I hacia el 499 a. C. fue el desencadenante de una cadena de acciones “terroristas” en las que grupos armados de toda la Hélade se enfrentaron al imperio persa dando lugar a las guerras médicas.

 

Durante la República romana hubo varias rebeliones en las que se utilizaron métodos que hoy consideraríamos como “terroristas”: en el 136 a. C. tuvo lugar la primera de las tres rebeliones de esclavos conocidas como guerras serviles, la más famosa de las cuales es la rebelión de Espartaco o tercera guerra servil entre 73 y 71 a. C., que fue la única que consiguió plantear una amenaza seria a Roma.Poco antes, el año 81 a.C. durante la dictadura de Sila, se promulgó la Lex Cornelia de sicariis et veneficis  (Ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores), que establecía la pena de muerte como sanción a quien practicara el envenenamiento o apuñalamiento con resultado de muerte de quien lo sufriese.Estas prácticas se realizaban con tanta asiduidad que era frecuente encontrar a quien se dedicara, por encargo de otros,  a herir o matar a cambio de unas monedas.Se utilizaba para este menester un arma blanca denominada sica, fácilmente camuflable entre la ropa.En multitud de ocasiones la sica era utilizada por simpatizantes que se acercaban a los rivales políticos de sus representantes y los apuñalaban, denominándose sicarios a aquellos que realizaban estas acciones.

 

El paso de la república al Imperio Romano se produjo como consecuencia de uno de los más famosos magnicidios, el de Julio César.Como consecuencia de este hecho se formó el segundo triunvirato, tras la persecución de los asesinos de César.Este pactó quedó roto por la rivalidad entre Marco Antonio y Octavio, enfrentándose ambos en la batalla de Accio. Marco Antonio y Cleopatra fueron derrotados y se suicidaron poco tiempo después. De esta manera Octavio pasó a llamarse Augusto y se convirtió en el primer emperador romano.

 

En el siglo I, con la aparición de sicarios dentro del grupo de los zelotes ,que fueron la facción más violenta del judaísmo de su época, algunos insurrectos se propusieron luchar contra los invasores y ocupantes romanos y contra sus partidarios de Judea. Su actividad estuvo vinculada en principio a la política, actuando en las asambleas populares, particularmente durante el peregrinaje al templo, cuando apuñalaban a sus enemigos (contrarios políticos de sus amos, sus simpatizantes o clientes) lamentándose ostensiblemente después del hecho para escapar de la detención.Algunos asesinatos eran llevados a cabo como venganza contra los romanos por parte de la población judía entera del país. En algunas ocasiones, podían ser sobornados para que no mataran a sus víctimas previstas.Al principio de la rebelión judía entraron en Jerusalén y cometieron una serie de atrocidades, para forzar a la población a luchar.

 

Con la adopción del cristianismo como religión del Imperio tras el Edicto de Tesalónica, no se acabó con las actuaciones “terroristas”.Sectas cristianas, como los parabolani que, además de dedicarse a labores caritativas como el cuidado de enfermos, constituían un cuerpo de guardia del obispo, instigados por el Patriarca de Alejandría Teófilo I fueron los causantes de la destrucción del Serapeo. Su sucesor, Cirilo I, los utilizó como fuerza de choque en su campaña contra judíos, paganos y otras confesiones cristianas.El prefecto Orestes se quejó ante el emperador Teodosio II por estos actos. Inmediatamente una horda de 500 monjes del desierto de Nitria partió hacia Alejandría para proteger al Patriarca, ante su inminente deposición. Al ver que el prefecto estaba en un carro, los monjes se abalanzaron sobre él y uno de ellos, llamado Amonio, hirió de un golpe en la cabeza a Orestes. Amonio fue apresado, torturado y ejecutado. Cirilo rindió al atacante honores de mártir.En 415 ó 416 una turba de cristianos fanáticos asesinó a la célebre filósofa Hipatia, maestra del prefecto Orestes. Debido a ello, durante siglos se ha acusado a Cirilo de ser el principal responsable de la muerte de la filósofa.

Entre los grupos sociales más desfavorecidos,  en especial entre los obreros agrícolas, surgieron movimientos sociales y religiosos, como el donatismo, que en varias ocasiones se rebelaron no sólo contra la Iglesia “oficial” sino contra el propio poder imperial romano.

En el marco de la crisis social y económica del Bajo Imperio Romano, los campesinos formaron tropas que se enfrentaron con éxito a los ejércitos romanos.Sus integrantes eran principalmente campesinos o colonos evadidos de sus obligaciones fiscales, esclavos huidos o indigentes.Su origen son las luchas de indígenas campesinos, libres o serviles, afectados por la crisis contra los grandes propietarios, entre los que estaba parte del episcopado urbano.En su época se tendió a atribuir a este movimiento una mera finalidad de bandidaje, denominando a los integrantes  de estas tropas como bagaudas, vocablo que puede tener un doble origen, bien una raíz latina que significa «ladrón», bien una de origen céltico que significa «guerrero».El momento de auge de los bagaudas coincide con el de mayor incidencia de las invasiones germánicas del siglo V.

 

El periodo  histórico comprendido entre la caída del Imperio romano de Occidente y la caída de Constantinopla, conocido como Edad Media, no está exento de la presencia de actos terroristas, sobre todo si entendemos que infundir el terror en la población es inherente al hecho de la conquista violenta de territorios.Desde el saqueo de Roma,  pasando por la expansión del islam, las incursiones vikingas  o las Cruzadas,  hasta la expansión otomana, las masacres, la piratería y el terror como método de conquista fueron habituales.Pero no es hasta el siglo XI, con la aparición de la secta de los  Hashshashin, (que es como se dio a conocer por sus  detractores una rama de la corriente religiosa chií-ismaelita, llamados nizaríes, ya que tomaron partido por Nizar en la  guerra de sucesión entre los hijos del califa fatimí al-Mustansir), que no se empieza a hablar de una organización especialista en asesinatos selectivos, con marcado carácter político.

 

Se podrían considerar actos terroristas las matanzas ocurridas con relación a las revueltas campesinas surgidas como consecuencia de la crisis del feudalismo, como por ejemplo la Jacquerie de 1358 en Francia. O el largo conflicto entre Francia e Inglaterra conocido como guerra de los Cien Años, en el cual destacaron algunos personajes, como Carlos II ” el Malo”, rey de Navarra, o Gilles de Rais, más conocido por su apodo, “Barba azul“, a los que se podría definir, desde un punto de vista actual, como verdaderos cabecillas terroristas.

 

Con el advenimiento de las monarquías autoritarias en el siglo XV, el poder político se concentra en el rey, que a pesar de extraer su poder político del que pierden nobleza y clero (los estamentos privilegiados de la sociedad estamental que ha cristalizado tras la crisis de la sociedad feudal medieval), actúa como el mejor garante del predominio social y económico de éstos.

Sin embargo, durante el periodo conocido como Antiguo régimen, las conspiraciones contra el poder absoluto de los reyes fueron frecuentes en todos los territorios donde este poder se impuso, de una forma u otra, a los nobles.Entre las más famosas, y que han servido de inspiración a movimientos posteriores, se encuentran el levantamiento de los Comuneros de Castilla,  la sublevación de la Fronda, en Francia, y la conspiración de la pólvora, en Inglaterra, organizada, entre otros, por Guy Fawkes, que ha servido como inspiración para el personaje “V” de la historieta V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd, y la posterior película. La máscara que utiliza el personaje, cuyo diseño está basado en los rasgos faciales de Fawkes, fue posteriormente adoptada por los miembros de la comunidad virtual Anonymous.

 

La palabra «terrorismo» (así como «terrorista» y «aterrorizar») apareció por primera vez en Francia durante la Revolución francesa entre (1789-1799), cuando el gobierno jacobino encabezado por Robespierre ejecutaba o encarcelaba a los opositores, sin respetar las garantías del debido proceso. El término comenzó a ser utilizado por los monárquicos, como propaganda negativa aplicada al gobierno revolucionario. Al igual que los consejos de Maquiavelo en El Príncipe, el Reinado del Terror (1793-1794), es una manifestación del terrorismo de Estado, antes que del terrorismo de los ciudadanos.Durante la reacción termidoriana, tras la caída de Robespierre, se llevaron a cabo varios episodios de represión y terror por parte de los monárquicos contra sus oponentes.Su color emblemático era el blanco, por ser éste el color de la monarquía borbónica, denominándose este periodo como terror blanco.Este “terror blanco” se repitió después de la caída de Napoleón y al llegar al trono Luis XVIII, ya que grupos clandestinos de monárquicos emprendieron asesinatos y masacres de personalidades y militares republicanos, bonapartistas y liberales, con la complicidad de las autoridades que se encargaban de la represión oficial y de la depuración de las instituciones.

En el siglo XIX apareció, por tanto, el concepto de terrorismo como arma política de lucha, tanto por el poder establecido, como por los diversos grupos que intentaban derrocar a este poder.Es entonces cuando se empieza a extender el moderno concepto de terrorismo y, para analizarlo, publicaremos una nueva entrada.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: